¿Qué podemos esperar para 2026? Dependerá de dónde pongamos nuestra atención. A continuación, algunas pistas:
DE UNA MAYOR PRESENCIALIDAD, AL DISEÑO DE EXPERIENCIAS.
Durante el año pasado, fueron muchas las organizaciones que incrementaron sus días de presencialidad buscando volver a consolidar su cultura. El impacto en el clima fue significativo en la mayoría de los casos. Si bien,muchas personas siguen prefiriendo trabajar desde casa y evitar traslados, distintos estudios muestran que no es el trabajo remoto o presencial lo que fideliza al talento, sino la posibilidad de decidir. En los segmentos donde existe margen de elección, la autonomía se vuelve un factor crítico de compromiso y retención.
Esto plantea un desafío claro para las organizaciones: cuando se puede elegir, hay que ofrecer experiencias que valgan la pena. Se impone entonces una estrategia que inspire a las personas a “querer ir”. El diseño de experiencias que van desde la reconfiguración de los espacios, las ambientaciones, las activaciones y los distintos tipos de encuentros tienen todavía mucho por recorrer. Ante el auge de la tecnología y la virtualidad, el contrapunto necesario es una estrategia seria que potencie los beneficios de la presencialidad.
DE LA FASCINACIÓN POR LAS HERRAMIENTAS, A LA CLARIDAD ESTRATÉGICA.
En muchas organizaciones, el principal obstáculo para lograr impacto en Comunicación Interna no es la falta de herramientas, sino la falta de dirección. Se espera que la CI resuelva con tácticas —IA, nuevos formatos, storytelling— lo que en realidad son vacíos de decisión estratégica.
Sin un diagnóstico claro, sin prioridades definidas y sin acuerdos básicos sobre hacia dónde va la organización, cualquier tendencia corre el riesgo de convertirse en un maquillaje del desorden. MIT Sloan Management Review viene insistiendo en que la IA amplifica la estrategia existente, no la reemplaza.
Antes de innovar, hay que ordenar la casa: definir qué conversaciones son verdaderamente estratégicas, qué rol cumple la CI y qué problemas sí (y cuáles no) puede resolver.
DE LA IA EXPLORATORIA, A LA IA APLICADA:
En 2025 empezamos a probar la IA en CI. Las tareas que más le pedimos: redacción/segmentación de mensajes, ideas de campañas y generación de fotos de colaboradores. Llegó el momento de dejar de probar, y de integrar estratégicamente la IA a nuestra gestión. ¿Por dónde empezar?:
- Abordaje estratégico: relevar las principales necesidades del área, las tareas en las que se nos va más tiempo, y analizar cómo la IA puede ayudarnos a eficientizarlas o automatizarlas. Un buen ejemplo: ¿cuánto tiempo pasamos brifeando las necesidades de nuestros clientes internos? ¿cómo podemos automatizar gran parte de ese proceso?
- Plan de Reskilling: capacitar al equipo para desarrollar habilidades asociadas al uso de IA.
- Un nuevo rol: empieza a aparecer el “Responsable de IA” dentro del equipo de CI, una persona que está mirando todo el tiempo cómo enriquecer tareas y procesos con apps y desarrollos de IA.
DE CHAT GPT, A AGENTES DE IA EXPERTOS EN CI:
El uso estratégico de la IA implica por supuesto el desarrollo de agentes que no sólo entiendan la cultura y el modo de hablar en nuestra empresa, sino que además se vayan volviendo especialistas en comunicación interna. Que evolucionen las tareas operativas que le pedimos hoy a la IA, y se puedan convertir en verdaderos consultores internos. La formación de estos agentes implica entrenamiento, integraciones y, en algunos casos, desarrollos ad hoc. Empiezan a aparecer empresas que, sin presupuesto para agrandar el equipo de CI, suman agentes que resuelven tareas cada vez más complejas, como por ejemplo el “sentiment analysis” en los canales digitales. Quizás, antes de fin de año, encontremos ya a algún Gerente de CI que lidere un equipo con más agentes que personas.
DE LA TAREA REPETITIVA, AL APORTE DE HUMANIDAD:
Cuando la IA resuelva muchas de las tareas que hacemos -sobre todo aquellas que no agregan tanto valor-, ¿qué hacer con ese tiempo disponible? Las necesidades son enormes. Tanta tecnología necesita fervientemente del factor humano: un ojo experto que “cure” las propuestas de campaña producidas casi instantáneamente; una presencia personal en el terreno, caminar las locaciones y conectar con la gente; una mirada empática para entender lo que no se dice en los canales de CI; una contención para aquellos que necesitan soporte humano, porque el caos y la presión afectan hasta incluso la salud de nuestro público interno; una gestión política para influir sobre líderes, para reunir voluntades, para seguir posicionando al área.
DE MÉTRICAS DE GESTIÓN, A MÉTRICAS DE EFICIENCIA:
El contexto obliga a la eficiencia. Si las métricas eran todavía un pendiente, ahora son fundamentales no sólo para poder analizar la gestión e implementar mejoras, sino sobre todo para medir eficiencia e incrementarla. Son muchas las empresas que para este año se plantearon “hacer mucho más con los mismos recursos”. Un tablero que integre las métricas de los distintos canales y las diferentes acciones debería ser ya parte ineludible de la gestión. Añadirle la mirada de evolucionar la eficiencia es una necesidad que nos impone el negocio y el contexto.
Medir eficiencia en CI no implica solo optimizar recursos, sino tomar mejores decisiones: qué canales sostener, qué acciones discontinuar y dónde poner foco creativo y presupuestario. La madurez en métricas no es técnica, es estratégica. No se mide para reportar, se mide para decidir.
DE LAS CAPACITACIONES Y LAS EXPLICACIONES, AL “PREGUNTELO USTED MISMO”:
Los mensajes y las campañas son cada vez más directos y despojados. Es la mejor forma de luchar contra la sobreabundancia de información. Los tutoriales, las largas explicaciones y los instructivos dejan de ser necesarios. El hábito de autoadministrarnos, sumado a los bots que nos contestan inmediatamente lo que necesitamos saber, nos permite prescindir de la necesidad de transmitir toda la información, y dejar en manos del usuario que pregunte lo que necesite.
DEL PÚBLICO INTERNO, AL MERCADO EMPLEADOR:
Hace rato que la comunicación “interna” no existe, que las barreras de lo interno se difuminaron con el avance de los medios digitales. Pero desde hace un poco menos que la CI empezó a unirse formalmente con la gestión de Marca Empleadora. En muchas organizaciones, ambos temas fueron quedando bajo la responsabilidad de un mismo Gerente y de una misma área. No puede tener más sentido: lo que le decimos a nuestro público interno nos sirve para hablarle a los potenciales colaboradores, y no hay gestión de atracción más convincente que el testimonio de un colaborador feliz. Así como también, no hay marca empleadora que sobreviva a una mala experiencia interna.
Cada vez más la CI y la ME caminarán juntas potenciándose mutuamente con una estrategia integrada.
Lo que estamos viendo no es solo una evolución de herramientas, formatos o canales.
Es un cambio de rol en la CI.
A medida que la IA se vuelve cada vez más competente en tareas operativas, la Comunicación Interna deja de ser un área principalmente ejecutora para convertirse en una función cada vez más consultiva, política y profundamente humana. La tecnología libera tiempo, pero también sube la vara: exige criterio para priorizar, ética para decidir qué automatizar y qué no, sensibilidad para leer lo que no se dice y capacidad de influencia para ordenar conversaciones clave dentro de la organización. Por eso, más allá de qué tendencias se consoliden y cuáles no, el verdadero desafío de la CI este año es asumir ese nuevo lugar. No se trata solo de comunicar más o mejor, sino de construir sentido, alinear decisiones y acompañar a las personas en contextos cada vez más complejos.
En definitiva, ese es nuestro propósito: conectar personas para crear mejores empresas.
¿Lo hacemos realidad?